Declaraciones oficiales de política exterior

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Declaraciones oficiales de política exterior de 28 Enero 2015


Sumario



1. Renacimiento del mundo árabe - Alocución del presidente de la República, Sr. François Hollande, en el Instituto del mundo árabe (Paris, 16/01/2015)

Señoras y Señores Ministros,

Señoras y Señores parlamentarios,

Señoras y Señores embajadores,

Sr. Presidente,

Damas y Caballeros,

Para mí revestía especial importancia inaugurar, si me permiten decirlo así, introducir en todo caso, el Primer Foro Internacional del Mundo Árabe. En primer lugar porque es en el IMA y porque me siento comprometido con esta institución, al grado de regresar con regularidad, pero sobre todo porque esta iniciativa, en las circunstancias difíciles que vivimos llega, si se puede decir, en el momento justo.

El Instituto del Mundo Árabe es conocido y reconocido, en particular, desde que Jack Lang asumió la responsabilidad dela institución, para convertirse un lugar eminentemente cultural. Aquí se han llevado a cabo grandes eventos. Pienso, en particular, en la exposición sobre el peregrinaje pero también y todavía más en este momento sobre las espléndidas obras que se presentaron provenientes de Marruecos. Pero nunca el Instituto del Mundo Árabe había emprendido una aventura intelectual de esta dimensión que permitiera comprender no sólo lo que el mundo árabe podía generr de tensión y crisis sino también de renacimiento y esperanza.

Este es todo el sentido de lo que nosotros mismos debemos hacer. Propiciar la aparición de sociedades civiles exigentes, solucionar los conflictos que atraviesan el mundo árabe y actuar de tal forma que podamos crear, Francia, Europa y el mundo árabe, a ambas orillas del Mediterráneo, una unión que no sería tan sólo de corazón o razón, sino una verdadera unión económica, política, cultural.

En un momento en el que el fanatismo y el terrorismo afectan gravemente en África, en Oriente Medio, en el suelo francés y amenazan por todas partes en el mundo, existe también la necesidad de ver lo que son las fuerzas en el mundo árabe que crean, que innovan, que trabajan para la construcción de un mundo mejor.

Los dramas y las adversidades pueden tener dos consecuencias en los pueblos: ya sea derrotarlos, humillarlos, someterlos; o por el contrario despertarlos, elevarlos, llevarlos a lo más alto de lo que es su mensaje. Es verdad para Francia que ha sido capaz en estos últimos días de reunirse. No en un reflejo de miedo, que habría sido a la imagen de Francia, sino en un movimiento de solidaridad, unidad y confianza en sus valores. Es verdad también para el mundo árabe que vive horas difíciles, sombrías, y que al mismo tiempo es capaz también de ponerse en movimiento para hacer que sus fuerzas -y son numerosas, económicas, políticas, culturales- puedan derrotar a otras fuerzas que quieren dividir, alejar, separar.

Ante el terror, estamos pues unidos. Es este el mensaje que una joven siria Zaina ERHAIM envió por las redes sociales con una fotografía que ha sido ampliamente difundida. Esta joven Siria, estaba en los escombros de Alepo, en medio de las ruinas, y esgrimía este cartel «Je suis Charlieˮ para decir no a todas las barbaries. ¡Qué símbolo más hermoso, en este lugar de desolación, Alepo en Siria, en donde la guerra causa destrozos desde hace tanto tiempo! ¡Qué símbolo más hermoso que éste para marcar esta solidaridad en la desgracia y esta resistencia que elle manifestaba para hacer que creciera la esperanza! Esto es lo que nos une.

Es también el mensaje que tantos amigos árabes nos han enviado estos últimos días, ya sea directamente viniendo a la marcha del 10 de enero, o de mil de maneras a través de los apoyos que se han multiplicado. Quiero agradecerles desde lo más profundo del corazón ya que su presencia no sólo era sólo útil sino también necesaria. Esta presencia marcaba también un compromiso común en pro de lo que debe hacernos avanzar y era la expresión de una solidaridad, de una conciencia común, a uno y otro lado del Mediterráneo, de que teníamos una forma de destino que debemos compartir.

Este es el sentido de la iniciativa de ustedes.

¿Cómo hacer para que crezca, prospere todo lo que une Europa y el mundo árabe? Debemos, para lograrlo, que entre nosotros todo esté claro, que seamos lúcidos. El islamismo radical se ha alimentado de todas las contradicciones, de todas las influencias, de todas las miserias, de todas las desigualdades, de todos los conflictos no solucionados desde hace demasiado tiempo. Y son los musulmanes quienes son las primeras víctimas del fanatismo, del fundamentalismo y de la intolerancia. Debemos recordar, y siempre lo hago a donde quiera que voy en el mundo árabe, que el Islam es compatible con la democracia, que debemos rechazar las amalgamas y las confusiones y en primer lugar en Francia.

Los franceses de confesión musulmán tienen los mismos derechos, las mismas obligaciones que todos los ciudadanos. Estos derechos deben protegerse. La laicidad ayuda a ello pues respeta todas las religiones. La escuela de la República es también un lugar de luz y por ende de conocimientos, de saber. La historia se enseña ahí, es decir la historia de las religiones, para saber de dónde venimos y lo que estas religiones llevan en sí como esperanza común.

Pero también la necesidad hacer que cada niño que se convierte en adulto pueda forjar su conciencia y convertirse en un ciudadano libre: este es el sentido de la escuela de la República.

Debemos también hacer que se comprenda que el orden republicano debe ejercerse con firmeza ante los que atacan los lugares de culto, a todos los lugares de culto, sinagoga, mezquita, iglesia y que debemos perseguir en justicia todos los actos que ponen en tela de juicio una religión. Tanto los actos antimusulmanes como el antisemitismo deben denunciarse y castigarse severamente.

He querido que el antisemitismo y el racismo puedan combatirse con firmeza, con exigencia, y que esta lucha se erija en gran causa nacional. Lo hago porque es mi deber de Jefe del Estado, lo hago porque es también una gran obligación para Francia que debe mostrar el ejemplo. Francia está comprometida con un ideal de libertad, de vida en común, de unidad. Francia quiere ser siempre una referencia o un ejemplo. Por ello nada debe tolerarse.

Francia se formó, se constituyó a través de diversos movimientos de poblaciones, flujos de inmigración. Francia se constituyó con la diversidad. Un gran número de mis compatriotas tienen relaciones profundas con el mundo árabe: ellos vienen de África Septentrional, del Cercano Oriente: pueden ser musulmanes, judíos, cristianos; pueden ser creyentes o no, pero tienen un vínculo con el mundo árabe y han contribuido, generación tras generación, a la historia de Francia.

Los conflictos que pueden existir, que existen a veces durante muchísimo tiempo en el Cercano y en el Medio Oriente, no tienen su lugar aquí. No pueden importarse. Por ello Francia tiene la iniciativa de solucionarlos y asumir sus responsabilidades llegado el caso. Los lazos que hemos podido constituir entre Francia y el Oriente Medio, África, el Magreb, hacen que seamos solidarios, que los retos de seguridad, que los retos de prosperidad, que los retos de libertad nos conciernan a todos.

Estoy consciente de la gravedad de las crisis que África y el Medio Oriente viven. ¿Debe recordarlas aquí? Libia, Somalia, Irak, Siria, Yemen y tantos otros, sin olvidar el conflicto israelo-palestino que sigue estando en un impasse. Son las poblaciones civiles que resultan siempre las víctimas. Son las mujeres y los niños en primer lugar y luego los otros, es decir, la humanidad sin distinción. Se cometen crímenes, crímenes horribles, crímenes atroces. Con las redes sociales, estas imágenes circulan y algunos terminan por acostumbrarse al horror y también por inspirarse en ellas, hasta que ellos mismas las provocan.

Esta es la amenaza. Es grave. Grupos terroristas aprovechan el caos para amenazar la seguridad del mundo. Por ello Francia está consciente de que estas amenazas pueden venir hasta aquí. En estos últimos días, padecimos su realidad. Francia está consciente también que debemos solucionar las grandes cuestiones que provocan este desorden y este terror. Tenemos un deber de solidaridad también con los pueblos, los pueblos árabes.

Para estar a la altura, es conveniente tener iniciativas políticas -las tomamos- y actuar también con la fuerza, lo que hicimos en Malí, lo que hacemos incluso en el Sahel con la operación Barkhane. También hemos decidido actuar en Irak porque nos parecía necesario poner un hasta aquí a Daech, este grupo terrorista. Pero tenemos también otras iniciativas que tomar. Hemos tomado estas decisiones no sólo porque es nuestro deber de solidaridad, sino también para garantizar nuestra propia seguridad.

Los Europeos saben que si estos conflictos duran, son millares por no decir millones de refugiados los que van a venir hasta aquí en Europa para protegerse; es el desorden económico que va a afectar el crecimiento y por mucho tiempo; es también un riesgo también para la seguridad. Nuestros destinos están íntimamente ligados.

Es la terrible lección que aprendí de la tragedia siria. Por no haberse tratado, fue la fuerza la que se impuso. Por ello, ahora, hay esta situación particularmente horrible que hace, a la vez, que exista un régimen que sigue castigando a su población y un grupo terrorista que se ha instalado como su oposición, al mismo tiempo que conocemos los vínculos entre los dos sistemas.

¡Terrible lección de la tragedia siria, cuando la comunidad internacional tarda demasiado en decidir, en tomar sus decisiones! Terrible tragedia siria, cuando se observa el número de personas desplazadas, de refugiados con la carga que eso puede representar para el Líbano, para Jordania, para Turquía. Terrible lección de la tragedia siria, cuando vemos que finalmente se extendió hacia muchos países y no simplemente los países vecinos... Me refiero, en particular, a Nigeria o Camerún, con Boko Haram.

La seguridad es pues necesaria para los pueblos árabes, para que logren el renacimiento al que ustedes están llamando. Este renacimiento está ahí también. Es lo que su iniciativa, su reunión, va a demostrar. Todas las condiciones se han conjuntado para que el mundo árabe siga brillando y pueda también prosperar. Renacimiento enarbolado por juventud, renacimiento enarbolado por las mujeres que, víctimas más que otros todavía de los conflictos, son también ellas las que luchan, que luchan incluso físicamente, para hacer que se oiga la voz de la Humanidad. Renacimiento enarbolado por los numerosos empresarios -y sé que hay muchos aquí - porque es la economía la que puede también permitir dar un horizonte, una perspectiva, una visión. Renacimiento enarbolado por los creadores y por los artistas que dan fe -y el Instituto del mundo árabe ha sido un claro ejemplo de ello- de la calidad, de la creatividad, del prestigio, del resplandor, de lo que es el mundo árabe.

Y luego está también el renacimiento democrático, cuando un país como Túnez llega, con su revolución, a hacer que la transición se logre hasta el final. El mundo árabe está en plena mutación. Ciertamente, estas primaveras no han forzosamente prosperado todas, es lo menos que podemos decir. Cierto es que las crisis, turbulencias, incertidumbres pueden durar. Cierto es que hay riesgos, pero hay también estas nuevas oportunidades.

Pienso que estas transiciones que se operan tomarán tiempo. Es ahí donde debemos tomar decisiones. Hay dos actitudes: dejar que el tiempo haga o deshaga, o, por el contrario, considerar que hay momentos, pruebas, situaciones, en las cuales somos nosotros quienes controlamos el tiempo, somos nosotros quienes imponemos el ritmo, somos nosotros quienes establecemos la agenda. Pienso que el tiempo del renacimiento, de la renovación, ha llegado. Y esto no sólo es válido para el mundo árabe. Vale también para Europa y el conjunto del mundo.

Renacimiento, es una palabra que viene de lejos, de la historia de Europa, pero también de la historia árabe. El renacimiento en el siglo XIX, es la Nahda que permitió al mundo árabe emprender un poderoso movimiento de reformas políticas, económicas, haciendo que surgieran nuevas élites conectadas a la realidad del mundo. Hoy día, el renacimiento está ahí. Es posible, si sabemos comprender la diversidad de las sociedades, utilizar todas las capacidades de los países concernidos, si tenemos la voluntad de crear, aprender, transmitir, intercambiar y, sobre todo, contribuir juntos a una vida política, cultural, económica y social.

Es esta voluntad la que ustedes personifican. Son ustedes pensadores y protagonistas de los renacimientos del mundo árabe, del Golfo al océano, en toda su diversidad. Hay entre ustedes hombres y mujeres políticos. Es preciso, es necesario, cuando hay decisiones que pueden ser de relevantes en el destino de los pueblos. Hay aquí no sólo hombres y mujeres de cultura, empresarios, militantes de asociaciones, profesores, sino también alumnos, estudiantes, artistas. En todos sus ámbitos, ustedes dan fe de que estos cambios profundos se están llevando a cabo en el mundo árabe.

Van a hablar de la construcción de ciudades del futuro, reto muy importante. La urbanización va a ser para los países emergentes una verdadera interrogante: ¿cómo construir las ciudades, cómo hacerlas a la imagen de la historia, de la tradición y, al mismo tiempo, dotarlas con la modernidad indispensable? Van a hablar de las energías renovables, van a hablar de la revolución digital, de lo que puede dar al mundo árabe. Van a hablar de la participación de las mujeres en la vida pública, de las inversiones, de la innovación económica. Van a hablar de todo lo que puede permitir, precisamente, hacer frente a la crisis, a las guerras, a los conflictos: el mundo árabe es una respuesta y no un problema.

Hoy día los árabes son 400 millones. ¡60% de ellos tienen menos de 25 años: este es otro reto que debemos afrontar! Francia quiere construir el futuro con las poblaciones de sus países. Este es el sentido de las múltiples cooperaciones que desarrolla. En el ámbito político, Francia tiene la singularidad de ser capaz de hablar con todos, para expresar el mismo lenguaje, para decir la misma verdad y para favorecer el diálogo y la solución de conflictos, es decir, la paz.

Francia, lo he dicho, es capaz de comprometerse cada vez que sea necesario. Francia toma también iniciativas para la juventud en materia de enseñanza superior y formación profesional. Procuro que todas las dificultades, todas las restricciones que se habían acumulado para hacer que vinieran los estudiantes provenientes del mundo árabe pueden suprimirse progresivamente, a pesar del contexto que estamos viviendo.

No quisiera que este contexto impida el desarrollo de los intercambios económicos, culturales y universitarios. Debemos también construir un conjunto económico, movilizar el conjunto de lo que traemos con nosotros, recursos naturales, tecnologías, competencias y también capitales para que poder invertir en beneficio de las poblaciones. Francia propondrá a sus socios europeos nuevas orientaciones para la cooperación entre las dos riberas del Mediterráneo: lo que los árabes llaman muy precisamente, el mar del medio.

Un mar en donde hoy, por desgracia, contamos en embarcaciones precarias demasiados muertos, esos refugiados. El Mediterráneo no debe ser un mar de la desdicha sino un mar de la prosperidad y es lo que los Europeos deben hacer con los países árabes. ¿Cómo hacerlo? Utilizar todavía más las instituciones que existen, la Unión para el Mediterráneo, el grupo 5 + 5 que es sin duda una herramienta valiosa con el Magreb, y luego crear este espacio de seguridad, desarrollo y solidaridad en torno al Mediterráneo. Es por ello que Francia, cuando asuma la presidencia de este grupo 5 + 5, tomará nuevas iniciativas para el Mediterráneo occidental.

Damas y caballeros:

Francia está consciente tanto de las amenazas como de las oportunidades. Las amenazas, son las que conocemos, las que nos pueden dividir, alejar, separar, oponernos. Es lo que quieren los terroristas, los fundamentalistas, los fanáticos. Y luego están todas las oportunidades. Hay estos lazos que hemos podido tejer a través de los siglos pasados y los lazos que hemos consolidado juntos a través de nuestros intercambios.

Quiero que su iniciativa, que celebro nuevamente, pueda permitir que surja una esperanza en este momento de duda, de incertidumbre, de interrogación; que pueda ser también la oportunidad de dirigirme como lo hice a los pueblos árabes que nos miran, diciéndoles que Francia es un país amigo. Pero Francia es un país que tiene normas, que tiene principios y que tiene valores. Entre estos valores, hay uno que no es negociable, que no lo será nunca: la libertad, la democracia.

Al mismo tiempo quiero, al dirigirme a ustedes, que quienes viven en Francia puedan saberse unidos, protegidos, respetados como ellos mismos deben respetar la República. Quería estar entre ustedes porque sé que lo que van a hacer hoy permite dar una esperanza sobre lo que somos capaces de hacer juntos. Hay siempre una responsabilidad de los creadores, de los intelectuales, aquellos que desean estar a la vanguardia de los demás, de mostrar el camino, de definir orientaciones. Es lo que espero ustedes.

Y luego, está la responsabilidad de las políticos que, en estos momentos, deben mantener la sangre fría, la lucidez y proponer al mismo tiempo nuevas soluciones, lo que haré a escala internacional todavía en las próximas semanas. Tomar iniciativas, favorecer la seguridad y la paz, hacer que nuestros lazos con el mundo árabe puedan ser igual número de ventajas, para que los pueblos puedan tener la sensación, la convicción de que no se les ha dejado solos y que pertenecen a un mundo solidario, a lo que llamamos la única comunidad que vale: la comunidad internacional. Gracias./.

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2. Naciones unidas - Encuadre del derecho de veto - Intervención de Laurent Fabius, Ministro de Asuntos Exteriores y Desarrollo internacional, en Instituto de Estudios Políticos de París (Paris, 21/01/2015)

Señoras, señores, Queridos Amigos:

Las obligaciones constitucionales me requieren; en unos minutos, debo dejarlos para responder a las preguntas de los parlamentarios. Pero para mí reviste especial importancia honrar esta cita que habíamos agendado porque me acuerdo efectivamente que esta idea se lanzó en este Instituto de Ciencias Políticas. Al invocar el derecho de participación, me parece que es una muy buena iniciativa la de retomar nuevamente este importante tema el día de hoy; sobre todo porque en el mes de septiembre de este año, vamos a celebrar de una manera particular, en la Asamblea General, el LXX aniversario de las Naciones Unidas.

Este aniversario, lo queremos útil. Deseamos, iba a decir desearíamos, que marque un retorno hacia la ONU pero, al mismo tiempo, hemos constatado que este aniversario - y de una manera más general este año - se inscribe en un contexto que es extremadamente difícil para la comunidad internacional.

Los estudiantes del Instituto de Ciencias Políticas me conocen. Ustedes, me conocen menos pero he tenido a menudo la oportunidad de destacar, en esta casa de estudios y en cualquier otra parte, que no vivimos solamente una crisis o una serie de crisis, sino una verdadera transformación del mundo con una sociedad internacional cuyo mejor epíteto - quizás el mejor que se pueda encontrar para calificarla - es que es caótica. 2014 confirmó por desgracia este análisis de una manera a menudo dramática, y no se puede decir que el inicio de 2015 cambia, al respecto y por desgracia, los datos. Lo que se puede llamar la dispersión de la potencia continúa en el sistema internacional bajo el efecto de toda una serie de factores, ya sean las evoluciones económicas, tecnológicas o la debilidad de la capacidad de control de la acción de los Estados. Y esta dispersión que vemos en la actualidad contribuye a convulsionar las relaciones de poder entre los protagonistas, con todo un cortejo de tensiones e incluso de guerra. La bipolaridad de la guerra fría ya no existe. La unipolaridad de la posguerra fría ya no existe tampoco. Estamos en un desajuste geopolítico que va a dar lugar a una nueva sociedad internacional que calificaba yo de caótica, y en todo caso con frecuencia anárquica, con cierto número de potencias establecidas pero impugnadas.

Con lo que llamo el nuevo rico, con mafias y milicias, esta sociedad es caótica - decía yo - pero al mismo tiempo interdependiente y tolera o produce crisis en cadena desde Irak hasta Siria, desde Libia hasta el Sahel, desde Afganistán hasta Pakistán y Asia Central. Protagonistas no oficiales, grupos armados autónomos ocupan un lugar cada vez más grande con AQMI, Boko Haram, Daech. El reto lanzado a los Estados, a las fronteras, a las organizaciones internacionales, a lo que llamamos el sistema de Westfalia en su conjunto alcanza una amplitud probablemente sin precedentes. Muchos Estados en África y Medio Oriente se debilitan. Su polaridad, su autoridad política se ven minadas por problemas de todo tipo: problemas económicos, la afirmación de identidades separadas, e incluso, guerras civiles y al mismo tiempo estos Estados se encuentran confrontados a un desgajamiento total. De esta forma se convierten en la presa de grupos armados y redes transnacionales y no nos queda, desafortunadamente, más que la incomodidad de escoger libremente los casos para mostrar la realidad de este análisis. Un ejemplo entre otros - uno de los más trágicos - fue en junio pasado la toma de Mossoul en Irak que llevó a cabo Daech: algo que permanecerá como una de las expresiones más espectaculares de los acontecimientos de los que hablo. Las poblaciones civiles son las primeras víctimas de este desajuste geopolítico. Hoy más que nunca son el blanco de estos grupos. Se amenaza directamente a los trabajadores humanitarios también. El acceso humanitario se niega mientras que las partes en conflicto hacen, de la asistencia a las poblaciones necesitadas, una herramienta al servicio de su propia estrategia. Y no olvido obviamente a los periodistas a quienes antes se protegía y que, ahora, arriesgan cada día su vida en Siria, en Irak, en otras partes, cuando se trata de describir y denunciar estos crímenes.

Ante todas estas amenazas, ante todos estos peligros, ante esta crueldad, la necesidad de paz y seguridad colectivas es a todas luces más importante que nunca. Como en 1945, y para adoptar los términos de la Carta de San Francisco, los pueblos del mundo deben ser preservados de la plaga de la guerra y de los inefables sufrimientos que ahí se mencionan. El respeto de los Derechos Humanos y del derecho internacional que debe ser un imperativo. No debe escatimarse ningún esfuerzo para prevenir los crímenes contra la humanidad, las violaciones del derecho humanitario cuyos autores deben rendir cuentas a la justicia. Estos crímenes no sólo se cometen en contra de individuos sino también en contra de toda la comunidad internacional. Por ello, Francia reafirma, por su parte y sin descanso su compromiso en pro del multilateralismo y en el centro de este multilateralismo, es decir, las Naciones Unidas, primera herramienta de solución política mundial al servicio de la paz y la seguridad.

Ahora bien, es precisamente - retomo el tema - porque la ONU desempeña este papel central que no podemos aceptar su parálisis vinculada a la utilización del derecho de veto cuando suceden graves acontecimientos, con las consecuencias humanas dramáticas evidentes.

Los ejemplos son numerosos. Sólo me referiré al de la tragedia siria que quizás es el más impactante. El 21 de agosto de 2013, la utilización de armas químicas arrastró todavía con mayor claridad a Siria hacia la crueldad. En total, hoy día hay más de 200 000 Sirios muertos, y la mayor parte de las veces esto ha sucedido bajo los golpes del régimen de Bashar al-Assad. Y es necesario recordarlo, porque tendemos tendencia a olvidarlo, que al principio se trataba de una pequeña rebelión - y hay que decirlo: la palabra resulta exagerada - de algunos jóvenes en un lugar perdido de Siria y que el Sr. Bashar al-Assad trató las cosas de tal manera, encadenando una serie de situaciones, que hoy día hay más de 200 000 muertos y millones de desplazados.

Con las pocas ocasiones en las que el Consejo de Seguridad no fue bloqueado por el uso del veto como en la Resolución 2165 del pasado julio sobre el acceso humanitario, no se soluciona el fondo del problema. Hoy todavía el calvario de los civiles continúa y para todos aquellos - y ustedes lo son - que esperan que la ONU asuma las responsabilidades que le fueron confiadas con el fin de proteger a las poblaciones. Esta situación, en el sentido exacto del término, no es tolerable.

Francia - y otros - señaló muy rápidamente esta disfunción. Otros lo hicieron y pienso en particular en nuestro amigo Kofi Annan quien, al dejar sus funciones, había lamentado que el Consejo de Seguridad no hubiese aportado a la comisión todo el apoyo necesario.

Mi convicción es que en Siria, si hubiésemos actuado mucho antes, habríamos podido evitar llegar al desastre actual tanto en términos humanitarios como en términos de seguridad.

Las medidas dilatorias o la inacción enviaron muy malas señales a los criminales que quisieron mofarse del derecho y desafiar el orden mundial.

Otros dramas, otras crisis - pienso, en particular, en Kosovo - ya habían mostrado el carácter intolerable de una parálisis de esta naturaleza del Consejo de Seguridad. El debate de hoy al cual, desafortunadamente, no he podido asistir, nos lo recuerda o lo recordó sábado.

Esta parálisis no es simplemente inaceptable en el plano de los principios; lo es también porque representa una amenaza para la paz y la seguridad internacionales. La comunidad internacional pierde su credibilidad al respecto mientras que la violencia masiva encuentra en ello un caldo de cultivo.

Por estas razones, nuestra convicción es que el veto no puede ser ya un derecho o un privilegio ejercido sin reserva. El derecho de veto obliga a aquel que lo tiene. El derecho de veto implica deberes específicos y una responsabilidad particular. El derecho de veto no debe desviarse de sus objetivos. No debe convertirse en un instrumento que permite paralizar esfuerzos en la solución de conflictos.

La responsabilidad de la ONU, es actuar. La credibilidad de la ONU depende de su capacidad para intervenir eficaz y rápidamente. Es el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales lo que está en juego. Y sucede lo mismo con la protección de los civiles. En 2005, las Naciones Unidas adoptaron una declaración importante que ratifica el principio de la responsabilidad de proteger, en particular, en caso de atrocidades masivas. Esta responsabilidad pertenece en primer lugar a los Estados ante las poblaciones presentes en su territorio. Pero, en caso de falta de Estados, esta responsabilidad incumbe también a la comunidad internacional. Es preciso sacar las conclusiones de ello.

Con este ánimo, con motivo de la apertura de la LXVIII Asamblea General de las Naciones Unidas en 2013, el Presidente de la República propuso un mecanismo innovador de encuadre del derecho de veto con el fin de impedir en el futuro una parálisis del Consejo de Seguridad en caso de crisis. Yo mismo, me acuerdo que en septiembre de 2012, de manera más modesta, había abogado aquí en favor de esta propuesta.

¿En qué consistiría precisamente este mecanismo? El principio es sencillo. Los cinco miembros permanentes se pondrían de acuerdo, en caso de crímenes masivos, para no ejercer su derecho de veto. Incluso con respecto a una resolución del consejo que decidiría sanciones de carácter coercitivo conforme a los fundamentos del capítulo 7 de la carta.

Este compromiso colectivo y voluntario de los miembros permanentes se aplicaría únicamente en caso de ataque grave y masivo en contra de la vida humana: genocidios, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra a gran escala.

No se requeriría ninguna modificación de la carta. ¿Quién decidiría la existencia de tales atrocidades? En nuestro espíritu, sería el Secretario General de las Naciones Unidas quien tendría que pronunciarse, ya sea por iniciativa propia ya sea consultando al Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, o consultando a una serie de Estados miembros; proponemos fijar este número en cinco.

Esta suspensión voluntaria del veto presentaría, según nosotros, una doble ventaja: permitiría a la vez impedir una parálisis del Consejo de Seguridad y permitiría hacer posibles debates constructivos en favor de la paz y la seguridad. Lo que se puede esperar, y esto es muy importante, es una implementación más rápida de las soluciones políticas en los países afectados por conflictos muy graves.

Sin embargo, es preciso ser realista: estamos conscientes de las dificultades que se han suscitado por este proyecto. Esta es la razón por la que - en una preocupación por el realismo y la eficacia - Francia, junto con México en particular, propuso que esta disposición no se aplique en caso de que los intereses vitales de uno de los miembros permanentes se vieran comprometidos directamente.

Desde que esta propuesta se emitió, se entablaron una serie de debates profundos con los miembros permanentes, pues se puede uno imaginar que algunos de ellos no son de los más entusiastas en la materia.

Se llevó a cabo un trabajo con numerosas cancillerías, con los socios de la sociedad civil algunos de los cuales se encuentran representados hoy aquí y a quienes agradezco su presencia. El pasado mes de septiembre pasado, como se indicó, al margen de la asamblea general, copresidí, con mi amigo el Secretario de Relaciones Exteriores de México, una reunión ministerial sobre este tema. Vamos a seguir defendiendo esta propuesta a lo largo del año 2015.

Se lanzó la dinámica pero hay de cualquier forma un trabajo considerable por realizar. Y pedí a nuestro amigo Hubert Védrine, que tuvo a bien aceptarlo y que es la causa en gran parte también de esta idea, de ayudarnos a popularizarla y le agradezco el trabajo que aceptó hacer en este sentido.

En primer lugar, para nosotros sería un gran placer que nuestros socios del P3 pudieran apoyar esta iniciativa. En primer lugar Gran Bretaña, el Presidente Obama también, quien a menudo ha repetido que concedía una importancia particular a las cuestiones de genocidios y crímenes masivos, al igual que la sociedad civil americana, incluyendo, entre estas personalidades, a gente de alto nivel de ambos lados del escenario político americano. Destaco de paso que una reforma de esta naturaleza, que no se traduciría en un tratado, no requeriría el acuerdo formal del Congreso.

En China y Rusia, varias personalidades destacaron el interés de una iniciativa de esta naturaleza, pero un gran trabajo de persuasión debe intensificarse. Será necesario también convencer a los países que no son miembros permanentes. Cerca de unos cincuenta Estados ya, de todos los continentes, varios de los cuales han experimentado o experimentan la importancia de una acción decisiva de la comunidad internacional, ya se pronunciaron en favor de esta propuesta. Por lo que se refiere a la sociedad civil, ésta apoya de sobra nuestra iniciativa, a veces incluso la considera insuficiente, pero ella es el mejor abogado al respecto.

A lo largo del año, vamos a hacer una campaña para ampliar esta movilización. Queremos seguir teniendo intercambios sobre el tema, menos sobre la pertinencia de la propuesta - que para ser sinceros apenas si da lugar a dudas - que sobre las modalidades prácticas de la puesta en marcha.

El objetivo de esta propuesta no consiste - ya lo han comprendido - en emprender una reforma jurídica del Consejo de Seguridad o de suprimir el derecho de veto - algunos pueden tener esta posición que no es la nuestra - sino que se trata de aportar una respuesta pragmática a la solicitud legítima de la opinión pública internacional que desea - y tiene razón - que quiere que el Consejo de Seguridad se vuelva a dar los medios para actuar eficazmente cuando lo fundamental está en juego. Para ello, el uso del veto debe encuadrarse mejor con el fin de conciliar el mantenimiento de este derecho - pues si se tratara de suprimirlo, pueden ustedes ver inmediatamente las resistencias por parte de aquellos que son sus titulares - y de conciliar el mantenimiento de ello con la necesidad de proteger las poblaciones.

De manera colectiva, debemos garantizar al mundo que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad asumen sus responsabilidades de manera constructiva. Lo que está en juego, es simple y llanamente, la paz y la seguridad internacional así como el respeto de las libertades fundamentales y de la vida humana.

Esta propuesta, permítanme recalcarlo, no es exclusiva sino complementaria de otra iniciativa que defendemos: la ampliación del Consejo de Seguridad, pues el problema de falta de representatividad del Consejo de Seguridad de la ONU es muy conocido. Su organización, que es una resultante de los equilibrios del final de la Segunda Guerra Mundial, no corresponde ya a la geografía actual de la potencia. Su legitimidad y su credibilidad se han visto disminuidas. Francia seguirá pues abogando y actuando por una reforma del Consejo de Seguridad que dará, en particular, un mayor lugar a los países emergentes.

Estas dos propuestas, que una vez más no son contradictorias, el encuadre del derecho de veto y la ampliación del Consejo de Seguridad, las defiende Francia con la convicción de que permitirían a la ONU, si se pusieran en marcha, ser mucho más eficaz y, finalmente, más legitima. Pues si se mantienen los bloqueos de los cuales desafortunadamente hemos sido testigos, llegará un día en el que las opiniones públicas se preguntarán cuál es la legitimidad de todo ello.

Queda mucho camino por recorrer para lograr un acuerdo sobre estos dos temas, pero si se quiere que la ONU siga siendo o más bien vuelva a ser el centro del juego internacional, este año del LXX aniversario debe dar a nuestro modo de ver la oportunidad para avanzar sobre estas cuestiones. Está en juego la eficacia de la ONU, su legitimidad y quizá incluso su perennidad.

Francia, en cualquier caso, no escatimará esfuerzo alguno en este sentido por una sencilla razón y que todos los presentes me imagino comparten: el multilateralismo debe estar en la parte medular de nuestra visión del mundo y nuestra diplomacia./.

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