Declaraciones oficiales de política exterior

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Declaraciones oficiales de política exterior de 1r Diciembre 2014


Sumario



1. Debate en la Asamblea Nacional - Propuesta de resolución relativa al reconocimiento del Estado palestino - Discurso de Laurent Fabius
(Paris le 2014-11-28)

«Señor Presidente,

Señores diputados, señoras diputadas,

El martes que viene, tras este debate, se pronunciarán en una votación sobre el reconocimiento del Estado de Palestina.

Un debate de este tipo seguido de una votación no es habitual: el reconocimiento de un Estado es, efectivamente, una prerrogativa del Ejecutivo, rara vez se ocupa el Parlamento de una cuestión de esta índole. Pero la propia situación es excepcional: el interminable conflicto palestino-israelí, el apego de Francia a ambos pueblos, el deseo de nuestro país de ver cómo por fin se instaura la paz allí explican su voluntad común, aunque expresada a través de distintas posturas, de contribuir a una solución política.

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Abordaré la cuestión con una evidencia : Francia es a la vez amiga del pueblo israelí y del pueblo palestino. Y esto debería guiar el fondo y el tono de las posturas que se adopten. Nuestros únicos enemigos en la región son los extremistas y los fanáticos que, a ambos lados, dificultan el camino hacia la paz con lo que llamaré su «espiral del talión».

En esta búsqueda de la paz, hace mucho tiempo ya que nuestro país se declaró a favor de la solución de dos Estados. El 29 de noviembre de 1947, en la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la creación de los dos Estados, Francia aportó su decisivo voto. Cito el texto de 1847, de la resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas: «los Estados independientes árabe y judío (...) empezarán a existir (...) en ningún caso después del 1º de octubre de 1948». Francia fue una de las primeras, tras la URSS y Estados Unidos, en reconocer al joven Estado de Israel, que tuvo que conquistar con esfuerzo su derecho a la independencia. También ésta fue la postura del General de Gaulle, de sus sucesores - y, con un discurso que sigue siendo famoso y que pronunció en la tribuna de la Knesset en 1982, la de François Mitterrand, que trazó la perspectiva al reconocer la aspiración legítima a un Estado del pueblo palestino.

Trascendiendo las alternancias políticas, se trata de la postura constante de la diplomacia francesa. Los recientes votos a favor de Palestina como miembro de la UNESCO o como Estado observador no miembro de la ONU de Francia van en este mismo sentido. Ésta es también la postura del presidente François Hollande y del primer ministro Manuel Valls; confirmo dicha postura. Nuestra convicción es que la solución definitiva del conflicto y el advenimiento de la paz duradera en Oriente Próximo no podrán obtenerse si no es a través de la coexistencia de dos Estados soberanos e independientes. La consecuencia lógica de la postura es clara - y lo expreso claramente: Francia reconocerá el Estado de Palestina. Dicho reconocimiento, ya lo he dicho, no es un favor lícito ni un favor ilícito, es un derecho.

La cuestión que se nos plantea no es la de los principios, puesto que ésta está zanjada, sino la de las formas: ¿cuándo y cómo? Y, de manera más general, ¿qué método emplear para intentar alcanzar la paz de forma concreta? Éste es el debate que levanta la propuesta sometida a su Asamblea.

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Señoras diputadas, señores diputados, nadie puede negar que las esperanzas de paz en Oriente Próximo se ven más amenazadas que nunca.

Ante este conflicto, todos compartimos el sentimiento de urgencia. Todos sabemos calibrar la gravedad de la situación. Conocemos los estragos que la falta de perspectivas de una solución concreta causa a ambos lados, y más allá. Vemos la magnitud de los dramas humanos y los ataques, cada vez más preocupantes, que se llevan a cabo contra la solución de dos Estados.

De hecho, a esto se debe que más de 130 países en todo el mundo hayan reconocido a Palestina. También a esto se debe que, en las últimas semanas, varios países o Parlamentos vecinos hayan tomado iniciativas vecinas: Suecia, el Parlamento de Gran Bretaña, de Irlanda y, muy recientemente, el de España. Han querido manifestar que, ante el callejón sin salida actual, rechazan el fatalismo y la inercia. Nosotros mismos estamos convencidos de que hay que actuar para que avance la paz.

De la paz hace ya mucho tiempo que conocemos los grandes rasgos. Debe reposar en la existencia de dos Estados soberanos y democráticos, que vivan el uno junto al otro en paz y seguridad, a partir de las líneas de 1967 y con Jerusalén como capital. Ésta es de hecho la trágica paradoja del conflicto palestino-israelí y su especificidad en relación a otros conflictos: los términos fundamentales de la solución ya se conocen, sin embargo, se presenta desde hace décadas como símbolo de conflicto irresoluble.

Porque es cierto que hay una gran desconfianza mutua entre ambas partes, aunque la opinión pública de ambos lados es mayoritariamente favorable a la solución de dos Estados. La prosecución ilegal de los asentamientos en los territorios ocupados por Israel desde los años setenta amenaza la viabilidad de un Estado palestino a un plazo cada vez más corto, mientras que la postura de algunos grupos palestinos como Hamás, que llaman a destruir Israel, rechazan los Acuerdos de Oslo y fomentan la violencia, es evidentemente contraria a la voluntad de hallar una solución y a nuestras elecciones.

En resumidas cuentas, ante una paz necesaria y esperada, los obstáculos se multiplican.

El proceso de negociación entre ambas partes, que el secretario de Estado estadounidense John Kerry intentó reimpulsar tenazmente a principios de este año, parece estar parado.

La explosión de violencia produce pánico, con, por ejemplo, el salvaje atentado cometido contra israelíes hace poco en una sinagoga de Jerusalén, o la insoportable tragedia que sacudió a los habitantes de Gaza el pasado verano.

Precisamente en Gaza no se ha solucionado nada, en Cisjordania, en Jerusalén, en todas partes crece la tensión: en cualquier momento, una chispa puede llevar a una conflagración general.

Esta dramática situación es a la vez expresión y culminación de décadas de tensiones, con la apertura periódica de negociaciones y el fracaso periódico de dichas negociaciones. Hasta tal punto que, con los años, el conflicto se ha convertido en una especie de «piedra de Sísifo de las relaciones internacionales». Cada vez que se retoma el debate, renace la esperanza; pero cuando el objetivo se acerca, cuando todos esperan que ambas partes puedan y vayan a firmar, lamentablemente se vuelve a producir la caída.

En Madrid, y en los Acuerdos de Oslo, pudo parecer que la paz estaba al alcance de la mano. Al igual que en las cumbres de Camp David, de Taba, donde la salida parecía estar cerca. Pero la paz siempre ha acabado zafándose, haciendo la desilusión de los que creían en ella cada vez más amarga y más brutal.

Ante este callejón sin salida, el deber de la comunidad internacional es reaccionar, en particular el deber de Francia, potencia de paz, amiga tradicional de israelíes y palestinos, aunque sabemos que es y será una tarea muy difícil.

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Señoras diputadas, señores diputados,

El texto que se les somete afirma «la urgente necesidad de llegar a una resolución definitiva del conflicto que permita el establecimiento de un Estado democrático y soberano de Palestina en paz y seguridad junto a Israel». Afirma que «la solución de dos Estados, prometida de forma continuada por Francia y la Unión Europea, supone el reconocimiento del Estado de Palestina junto al Estado de Israel». E «invita al Gobierno francés a reconocer el Estado de Palestina con vistas a obtener una solución definitiva al conflicto».

Algunos de ustedes consideran que, por razones constitucionales, no pueden adoptar una postura favorable, o una postura en sí, porque supondría invadir los poderes del Ejecutivo. Quiero ser claro. Lo que prohíbe la Constitución en el artículo 34-1 es que el Parlamento registre en el orden del día propuestas de resolución que contengan «órdenes conminatorias» para el Gobierno. Pero la propuesta examinada constituye, no una orden conminatoria, sino - y no se trata de una lucha semántica - una invitación dirigida al Gobierno. Así que no hay ambigüedad: sobre la cuestión del reconocimiento del Estado de Palestina, el Parlamento puede pronunciarse, va a hacerlo, pero según los términos de nuestra Constitución, el Ejecutivo - y sólo él - juzga acerca de su pertinencia política.

Señoras, señores,

¿Cómo servir la causa de la paz con la mayor eficacia posible?

Francia defiende desde hace mucho tiempo la idea de que el reconocimiento del Estado de Palestina debe producirse en el marco de una resolución global y definitiva del conflicto, negociada por ambas partes. Por un motivo: no queremos un reconocimiento simbólico que no lleve más que a un Estado virtual. Queremos un Estado de Palestina real. Después de veinticinco años de «procesos de paz» sin resultados, no podemos conformarnos con un reconocimiento ilusorio que no venga seguido de efectos concretos.

Pero el objetivo deseable de un reconocimiento enmarcado en un acuerdo global sólo tiene sentido si las negociaciones se abren de forma efectiva, si avanzan y culminan. En otras palabras, apoyamos la negociación, pero rechazamos que se convierta en una manera de gestionar un statu quo injusto e insostenible. Rechazamos el espejismo en el que ambas partes, abandonadas a su suerte, no logren sino machacar las mismas cuestiones sin que se dé a la negociación un marco y un término claros. Resumiendo, la negociación que acompañe al reconocimiento no puede convertirse en un medio, el medio por evitar o impedir dicho reconocimiento.

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Partiendo de esta base y conscientes del actual bloqueo, pensamos que es legítimo decidirse por un enfoque que permita dar una oportunidad real y, quizás, última, a las negociaciones.

Consideramos fundamental salir de un cara a cara solitario entre israelíes y palestinos, método que ha dado prueba de ser poco eficaz. La conclusión histórica de estas últimas décadas es inapelable: solas, o incluso con el concurso de Estados Unidos, las dos partes consiguen debatir - con dificultad - pero no logran firmar. Entre otras cosas por una cuestión de política interior, no logran cumplir con las últimas concesiones impuestas por la firma de un compromiso.

De esta manera, hay que hacer que el método cambie. Es necesario que haya un acompañamiento, algunos hablarán de presión por parte de la comunidad internacional, para ayudar a las dos partes a que hagan el imprescindible gesto final y den el último paso que lleve a la paz.

En esto es en lo que trabaja el Gobierno francés en este mismo momento.

En Naciones Unidas, trabajamos junto a nuestros socios para intentar que se adopte una resolución del Consejo de Seguridad para reimpulsar y concluir las negociaciones, se habla a menudo de un plazo de dos años. El Gobierno francés puede hacer suya esta cifra.

Después de tanto esfuerzo y tantos fracasos, los resultados no están garantizados. Pero no queremos descartar ninguna oportunidad para la paz. Los objetivos de esta esperada resolución son claros. Fijar un rumbo: queremos evitar los escollos de negociaciones infinitas, que retomarían desde el principio esfuerzos ya emprendidos desde hace años. Parámetros concretos para solucionar el conflicto aprobados previamente por la comunidad internacional proporcionarán la base de las futuras negociaciones. Y debemos fijar una agenda. Porque sin agenda, ¿cómo convencer de que no se tratará de un enésimo proceso sin perspectivas de éxito reales?

De forma paralela a estas negociaciones en Naciones Unidas, Francia aboga por crear las condiciones necesarias para un esfuerzo colectivo al servicio de la paz. La experiencia nos enseña, he hecho hincapié en ello, que los israelíes y los palestinos no consiguen llegar solos a un acuerdo. Las decisiones que deben tomarse son tan delicadas que resultan imprescindibles un acompañamiento y un apoyo, con, e incluso más allá de Estados Unidos, que tiene un papel crucial que desempeñar. Por otra parte, otros países se ven afectados directamente por la resolución del conflicto : cabe destacar Egipto o Jordania, que acogen a muchos refugiados palestinos desde hace décadas o ejercen responsabilidades particulares en los Santos Lugares.

En esta iniciativa, Francia desea arrastrar a la vez a la Unión Europa, a la Liga Árabe, a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, entre ellos Estados Unidos, en una movilización colectiva a favor de la paz en Oriente Próximo. Se podría organizar una conferencia internacional para apoyar esta indispensable dinámica. Francia está dispuesta a tomar la iniciativa. En esta negociación diplomática, el reconocimiento del Estado palestino constituirá un instrumento de la resolución definitiva del conflicto, una herramienta al servicio de la paz.

¿Y si los esfuerzos acaban fracasando?, se preguntarán. ¿Si esta última solución negociada no resulta exitosa? Entonces, Francia deberá asumir su responsabilidad, reconociendo al Estado de Palestina sin más dilación. Estamos dispuestos a ello.

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Señoras diputadas, señores diputados,

La postura del Gobierno francés quiere ser a la vez positiva y equilibrada. Ni hablar de un statuo quo que es en realidad una amenaza para la solución de dos Estados. Ni hablar tampoco de ceder en lo que se refiere a la seguridad de Israel. Y ni hablar de «importar» aquí el conflicto palestino-israelí. A nuestro entender, las votaciones que van a producirse no confrontarán a quienes apoyan a los palestinos, de un lado, y a quienes apoyan a israelíes, del otro: efectivamente, el reconocimiento del Estado de Palestina es necesario también para garantizar el desarrollo y la seguridad de Israel de forma duradera; lógicamente, la deberán pues apoyar todos los amigos de Israel. Y a la inversa, pensamos que ser amigo de Israel no significa en absoluto ser enemigo de Palestina. El punto de encuentro consiste en buscar la paz que conlleve reconocer el Estado palestino, de la manera y en el momento que sean más eficaces para servir a dicha paz. En este escarpado camino, no escatimamos esfuerzos. Porque sabemos, como ustedes, que el tiempo apremia para aquellas y aquellos que, en esta región y por esta región, desean la paz sinceramente»./.

AMBAFRANCE MADRID

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